La Semana Santa suele vivirse como una temporada de recogimiento, descanso y reencuentro familiar. Pero lo que dejó Colombia entre finales de marzo y los primeros días de abril de 2026 también obliga a mirar la otra cara de la fecha: carreteras saturadas, emergencias, imprudencias y siniestros que volvieron a recordar que, en tiempos de alto flujo turístico, la prevención sigue siendo una tarea pendiente.
Las cifras oficiales muestran la magnitud del movimiento. Con corte al 6 de abril, el Ministerio de Transporte reportó la movilización de 10.950.000 vehículos por las vías del país, además de 3.377.024 pasajeros por terminales terrestres y 1,7 millones de viajeros por vía aérea. El mismo balance preliminar indicó una reducción frente a 2025: los siniestros viales pasaron de 1.232 a 262, los fallecidos de 212 a 83 y los lesionados de 1.503 a 352, en medio de una de las temporadas de mayor circulación del año.
Sin embargo, detrás de la estadística sigue estando la tragedia concreta. Aunque el balance nacional habló de reducción, varios de los hechos más graves de la temporada se concentraron en Cundinamarca. En el peaje de Casablanca, sobre el corredor Zipaquirá–Ubaté, un choque múltiple dejó cinco personas muertas y 21 heridas. A ese caso se sumó otro siniestro en la vía Bogotá–Girardot, en el sector Azafranal, jurisdicción de Silvania, donde murieron dos personas tras el volcamiento e incendio de un camión cisterna. Ambos episodios terminaron convirtiéndose en símbolo de una Semana Santa de alta movilidad que volvió a dejar escenas de dolor en las carreteras del país.
A ese panorama se sumó el componente de control. Durante la temporada se realizaron 10.179 pruebas de alcoholimetría, con 57 resultados positivos, en medio de operativos desplegados para contener una realidad que se repite cada año: miles de viajeros en carretera, mayor presión sobre los organismos de tránsito y un riesgo que crece cuando el descanso se mezcla con la irresponsabilidad al volante.
En los destinos turísticos y costeros también hubo vigilancia reforzada. La Dirección General Marítima (DIMAR) activó dispositivos especiales de seguridad durante la temporada, especialmente en zonas como Santa Marta, bajo la campaña “Colombia Navega Segura”. Al cierre de la Semana Santa, la entidad reportó un balance positivo en jurisdicciones como Barranquilla, Santa Marta y San Andrés, donde destacó condiciones seguras para las actividades marítimas y turísticas.
Con todo, una cosa es el balance operativo y otra el mensaje de fondo. Semana Santa 2026 volvió a mostrar que el país se moviliza más, viaja más y descansa más, pero no necesariamente mejor. Aunque las autoridades resaltan una reducción preliminar en la accidentalidad, la temporada dejó claro que las cifras no alcanzan para borrar el impacto de cada víctima, de cada familia golpeada por un siniestro y de cada emergencia que pudo haberse evitado.
Porque al final, la Semana Santa no solo deja procesiones, turismo y descanso. También deja preguntas incómodas sobre cómo viajamos, cómo asumimos el riesgo y por qué una temporada llamada a la reflexión sigue terminando, tantas veces, marcada por el dolor.